Fue el 10 de marzo de 1876 cuando el escocés Alexander Graham Bell llamó a su fiel ayudante, Thomas Watson: “Sr. Watson, venga aquí: quiero verlo”. Watson estaba en la habitación de al lado, pero la gracia es que Bell le habló a través de lo que luego sería el teléfono. Casi cien años después, el teléfono se desembarazó de los cables y llegaron las llamadas a través del celular (la primera, el 3 de abril de 1973).
No conocía demasiado sobre Bell, pero en Wikipedia hay datos interesantes: su madre y su esposa eran sordas; la primera llamada se hizo 3 días después de que le otorgaran la patente, y usando, en rigor, tecnología de otros para lograrlo (lo que Bell quería era probar que su idea era posible).
En rigor, en 2002 los Estados Unidos reconocieron al italiano Antonio Meucci por haber hecho un un desarrollo previo (el teletrófono), que mostró públicamente en 1860 y que permitía comunicar las dos plantas de su casa; Meucci no tenía el dinero necesario para patentar su invención y la primera patente firme la tuvo Bell. En el sitio de la Fundación Telefónica hay información en detalle sobre la disputa.
Como fuere, la tecnología que finalmente se difundió fue la de Bell, y con ella el teléfono tal como lo conocemos. Gracias a sus ideas, a las de Meucci y a otras similares llegamos hoy a algo que, mirándolo con un poco de distancia, parece de ciencia ficción: la posibilidad de hablar con alguien del otro lado del mundo usando un dispositivo que cabe en una mano, y del que se vendieron 1200 millones de versiones el año último.
Así vaya desde aquí un modesto recuerdo a Bell, Meucci y todos los que pusieron su empeño por hacerlo posible.
La efemérides la encontré en el Twitter de Pablo Fernández.
Dato de yapa: tal como cuentan en Espaciociencia, Bell patentó su invención en Estados Unidos e Inglaterra, pero no en Suecia (donde vivía un tal Ericsson) ni en Alemania (hogar de Werner Von Siemens). El resto, como suele decirse, es historia.
No conocía demasiado sobre Bell, pero en Wikipedia hay datos interesantes: su madre y su esposa eran sordas; la primera llamada se hizo 3 días después de que le otorgaran la patente, y usando, en rigor, tecnología de otros para lograrlo (lo que Bell quería era probar que su idea era posible).
En rigor, en 2002 los Estados Unidos reconocieron al italiano Antonio Meucci por haber hecho un un desarrollo previo (el teletrófono), que mostró públicamente en 1860 y que permitía comunicar las dos plantas de su casa; Meucci no tenía el dinero necesario para patentar su invención y la primera patente firme la tuvo Bell. En el sitio de la Fundación Telefónica hay información en detalle sobre la disputa.
Como fuere, la tecnología que finalmente se difundió fue la de Bell, y con ella el teléfono tal como lo conocemos. Gracias a sus ideas, a las de Meucci y a otras similares llegamos hoy a algo que, mirándolo con un poco de distancia, parece de ciencia ficción: la posibilidad de hablar con alguien del otro lado del mundo usando un dispositivo que cabe en una mano, y del que se vendieron 1200 millones de versiones el año último.
Así vaya desde aquí un modesto recuerdo a Bell, Meucci y todos los que pusieron su empeño por hacerlo posible.
La efemérides la encontré en el Twitter de Pablo Fernández.
Dato de yapa: tal como cuentan en Espaciociencia, Bell patentó su invención en Estados Unidos e Inglaterra, pero no en Suecia (donde vivía un tal Ericsson) ni en Alemania (hogar de Werner Von Siemens). El resto, como suele decirse, es historia.
Visto en Movilandia.
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