Los sellos postales se inventaron en el siglo XIX como una forma de hacer que quien enviaba una carta pagara por ella. Antes de su invención el que pagaba era el destinatario, no el remitente. Como podéis imaginar, a menudo el destinatario rechazaba la carta. Aunque tienen algo de romántico, lo cierto es que la utilidad de los sellos cada vez es menor. En gran parte porque cada vez es menos habitual enviar cartas de persona a persona y prácticamente todos preferimos el correo electrónico, o directamente el teléfono, para contactar con alguien que está lejos.
En muchos países, entre ellos España, cada vez es más habitual que se usen como soporte publicitario. Si la medida adoptada por Dinamarca acaba extendiéndose, es posible que en poco tiempo los sellos acaben desapareciendo para ser sustituidos definitivamente por distintos modelos de microtransacciones móviles.
Visto en Celularis.
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